Antonio Sánchez García: A cuatro años de la muerte de Fidel Castro, el émulo de Adolf Hitler



“Fidel Castro es la peor tragedia que le ha ocurrido a Cuba en toda su historia.” Carlos Franqui

Como él, a quien admiraba, se asomó a la historia con un golpe de Estado, breve y tan fracasado como el suyo de la cervecería muniquense. Quiso emular su marcha sobre Berlín, fracasada, con el asalto al Cuartel Moncada, también fracasado. Y escribió en la cárcel, a la que como él también fuera condenado, su propia versión de Mi Lucha, que llevaba en el bolsillo desde muchacho y se la sabía de memoria, que llamó La Historia me Absolverá. Una frase ya hecha clásica extraída de las memorias de Hitler. Si se refería a la historia menuda, la de la isla que sirvió de pequeño escenario a sus megalómanos delirios hasta su muerte, ocurrida hace cuatro años, tenía toda la razón: él, su hermano, el Estado castrista impuesto sobre sus habitantes con la más brutal tiranía de que tengamos memoria los latinoamericanos, se encargaron no sólo de absolverlo, sino de glorificarlo. Al extremo que en lugar de decir que está muerto, dicen que “desapareció físicamente”. Como si fuera un fantasma.

En la Universidad de La Habana, donde comenzara a estudiar derecho y estrenara sus dotes de pistolero, no salía de su aula para disfrutar de los recreos: se quedaba leyendo Mi Lucha, Mein Kampf, convertida en la biblia de sus desvaríos. Y como nosotros hoy, se habrá preguntado por qué la historia no había absuelto a ser tan extraordinario como Adolf Hitler, desaparecido luego de darse un tiro en la sien e incinerado por los suyos en una fosa cavada frente a la Cancillería del Tercer Reich. Un fin que le fue ahorrado a su émulo por dos garrafales errores que lo hicieron repudiable por los siglos de los siglos y que él, el Hitler del Caribe, tuvo a buen recaudo ni siquiera imaginar: hacer de los judíos el objeto de su odio parido, y asesinar e incinerar a seis millones de ellos.

Sin esa monstruosa y alevosa perversión, que lo convirtió en el monstruo más odioso y repugnante de la historia de la humanidad, Hitler sería recordado por los alemanes con la misma veneración con la que sus fieles le brindan homenajes a Fidel Castro. Las razones sobran y son abrumadoras: sacó a Alemania del foso y la ruina en que la metieran los crasos errores de la República de Weimar, recuperó su poderosa infraestructura industrial, arrasada como consecuencia de las leoninas condiciones del tratado de Versailles que puso fin a la Primera Guerra Mundial, rearmó sus ejércitos y los convirtió en la más poderosa y avasallante fuerza armada en la historia de Occidente y prácticamente dueño de Europa del Atlántico a Los Urales y a punto de adueñarse de la Unión Soviética y sus satélites, sus enemigos tuvieron que unir todas sus fuerzas para enfrentarlo y poder vencerlo. Su pueblo lo amó hasta el último día de la contienda que acabó con sus proezas. Sus enemigos no le perdonan ni le perdonarán jamás Auschwitz y los crematorios.

Acabamos de vivir los resultados de la acción mancomunada de los medios de la progresía mundial – no hay otros – cuando se proponen hundir a quien declaran su enemigo: impidieron la reelección de Donald Trump y montaron en la presidencia de los Estados Unidos a un anciano decrépito, senil y pedófilo, cuyas primeras acciones irán, según sus propias declaraciones, en beneficio del castro comunismo cubano. ¿Por qué jamás intentaron acabar con la tiranía castrista y sus satélites, como la Venezuela chavista y la Nicaragua sandinista, llevando a la presidencia de Cuba a seres tan admirables como Huber Matos? Por la única razón que ya fuera destacada por Ludwig von Mises en su fundamental obra SOCIALISMO, de 1932: no hay al occidente del Rin nadie que se alinee contra el marxismo. Como lo demostrara la aplastante unanimidad de los medios progresistas del planeta: todos son, consciente o inconscientemente, fieles y devotos practicantes del marxismo ideológico. Que se jodan las democracias. Fin de la historia.

¿Qué le espera a un Occidente asediado por China y su propia progresía? Pronto lo sabremos. Lo que aún no sabemos ni podemos imaginarnos es qué haremos y cómo responderemos al asalto de Rusia, China y el talibanismo musulmán. Esa historia aún no ha sido escrita.



Fuente original La Patilla

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