In Memoriam Marianela, por Gustavo Coronel



En la madrugada de ayer lunes dejó de existir, mientras dormía, mi querida esposa Marianela con quien tuve 62 años de feliz matrimonio. Tenía un nombre que me sonaba a caramelo y a canela y así era ella. Nos conocimos tomando café en el cafetín de la Compañía Shell Maracaibo en 1956 y desde ese momento supe que era especial. Conversando con ella me di cuenta de que era la persona con quien deseaba compartir mi vida. Cuando la nombraron reina del carnaval de Maracaibo y yo fui miembro de su corte, conocí al resto de su familia y me impresionaron mucho su mamá y el gran caballero que fue su padre. Me sentí muy a gusto a su lado desde el primer momento.

Marianela y yo hicimos un largo y maravilloso viaje por la vida y fui muy afortunado al tenerla como compañera. Ha sido un viaje lleno de pequeñas y grandes aventuras, de momentos de gran felicidad, algunos contratiempos y de una rica diversidad. Formamos una familia de tres hijos y cuatro nietos que han sido una bendición para nosotros y han magnificado nuestra felicidad. Tuvimos la suerte de tener con nosotros por muchos años a nuestra inolvidable Benilda, una joven de Maracaibo quien llegó a nuestra casa un día, comenzó a cuidar y querer a nuestros hijos y, luego, a los hijos de nuestros hijos y nunca más se fue de nuestro hogar hasta que nos separara la tragedia venezolana.

Marianela fue el eje de nuestro hogar. Sus hijos la adoraban y siempre vieron en ella al líder de la familia. Empeñado en el trabajo yo salía temprano y regresaba tarde al hogar y veía brevemente a mis hijos. Estaba en la etapa en la cual uno piensa que el trabajo es la primera prioridad. Ahora he pasado mis años de vejez tratando de ser el padre que no fui para ellos. Marianela llenó mis ausencias de manera maravillosa.

Se dedicó siempre a su hogar, a sus hijos, a sus padres y a los míos y a mí, con admirable perseverancia y dedicación, incansable y perfeccionista. En especial, cuidó de mi padre inválido por años, una tarea dura que fue compartida por toda la familia, pero con Marianela al frente.

Nuestro hogar, (hogares, debería decir, porque tuvimos más de una docena de ellos en todo el mundo) siempre estuvo inmaculado y ordenado. Su cordialidad y simpatía eran tales que mis amigos comenzaban a tratarla como esposa de Gustavo y terminaban pensando en mí como el esposo de Marianela.

Mi admiración y orgullo por haberla tenido como mi esposa y compañera se combinaron con mi amor por ella, el cual ha tenido varias facetas, todas importantes. En esta última etapa de nuestra vida, de gran placidez u felicidad, apenas empañada por la tragedia venezolana, fue esposa, amiga y una presencia maternal para mí, hijos y nietos.

Anoche me dejó, en silencio, en sus sueños. Todo esfuerzo de emergencia fue inútil. Hoy enfrento un nuevo día en gran desamparo espiritual, sin aceptar aún la razón por la cual ha sido necesaria su partida. Estoy en nuestro pequeño apartamento rodeado de sus cosas, sintiendo su presencia, sintiéndome terriblemente perdido sin ella.

¿Dónde guardo los cubiertos? ¿Dónde están las estampillas? ¿Pagaríamos el recibo del Seguro? ¿Qué puedo decirle a la vecina que ha sido como una hermana para ella? Sin ella emprendo una travesía por el desierto.

Marianela tenía una profunda fe religiosa y mi anhelo es que esa fe le sea plenamente recompensada. El domingo a mediodía, vio como siempre la misa por TV y nos dimos el abrazo de la paz. Progresivamente voy desertando a la terrible realidad de su ausencia.

NOTA:

He respondido docenas de mensajes y llamadas de mis queridos amigos y familiares cercanos y lejanos, regados por todo el mundo. Anoche, a mi regreso de la funeraria, tenía un nuevo grupo de mensajes que no se si podré responder individualmente. Me he sentido reconfortado y admirado por la presencia de tantos nombres queridos, inclusive de algunos que tenía mucho tiempo sin oír.

Los nuevos mensajes que me han llegado incluyen, hasta este momento a:

Juan Pio Hernández, Carlos Jordá, Jorge L. García, Edecio Pacheco, Gonzalo Álvarez, Winston Carrillo, Pepe Toro, Luis Xavier Grisanti, Gerver Torres, Teo Rísquez Lilian Mathison, Berenice Natera, Gustavo Rivera, Alexis Fernández, Sam Messulam, Antonio Tepedino, Luis Andrés Rojas, Luis F. Quintero, Don Goddard, Marina Mandini, Néstor Ramírez, Armando Chuecos, Fred Baptista, Alejandro Fernández, Rafael Pardo, Luis Urdaneta, Fernando Sánchez, Ricardo Paytuví, Pedro Luis Echeverría, Diego González, Ignacio Álvarez, Marcelo Laprea, Luis Moreno Gómez, Elio Ohep, Oscar Rodríguez, Héctor Partidas, Simón Antúnez, Arnoldo Gabaldón, Beatriz García, Alberto Cisneros, Rodrigo Peraza, Nelson Hernández, Allan Brewer, Ramón Castro, Jesús Soria, Francois Raineau, Douglas Jatem, José Gómez, Luis Guillermo Ferrer, César Egaña, Gonzalo Morales, Leopoldo Aguerrevere, Rafael Gallegos, Marcelo Laprea, Alfonso Chirinos, Ramón Peña, Antonio Paiva, Juan Rengel, Antonio Méndez Vásquez, Pedro Castillo, Maria Teresa van der Ree, Richard Bailey, Juan Antonio Mueller, Fernando Torres, Eduardo Keller, Arnaldo Salazar, Alberto Ahow, Rodolfo Giusti, Fernando Sánchez, Víctor Vásquez, Eustoquio García, Franco Urbani,Gustavo Quintini, Manuel Romero, Milton Chávez, Luis Pulgar, Jorge Echenagucia, Oswaldo Álvarez Paz y Señora, Tina Horak, Ítalo del Valle Alliegro, Alfredo Gruber,

Para ellos y a quienes he podido contactar, mis más profundas gracias. Dios los bendiga a todos.



Fuente original La Patilla

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