Revolución de la especulación y camaradas comerciantes, por Armando Martini



Armando Martini Pietri @ArmandoMartini

 

Con alaridos desesperados solicitaban la liberación de precios y libertad de cambio. Se dio sola, sin esfuerzo ni planificación, obligada por la circunstancia, de la peor manera. La realidad se impone. Pero hay quienes se aprovechan, abusan, atropellan y especulan, superando la peor pesadilla. Han logrado lo que parecía imposible; la inflación en moneda extranjera. Se observa en tiendas, kioscos, auto mercados, o bodegones si es persona de excepción con recursos y dólares -olvídese del petro, eso no lo entiende ni quiere nadie, es un invento fraudulento de fantasiosos indoctos sin literatura.

Por Armando Martini

No es el desastre de una economía manejada a los trancazos y suposiciones por desvergonzados que sólo saben cobrar comisiones en divisas -no aceptan petros, no son pendejos-, sino el descontrol como elemento de la economía. Es la realidad de un país descoyuntado que poco o nada produce para sus ciudadanos y aún menos para la exportación generadora de divisas. Es la tragedia de una nación derrumbada por negligentes idiotizados de ideología fracasada, necesitada de dólares que antes producía y ahora sólo recibe en puñitos, para distribuirlos entre diputados corrompidos, cleptómanos, traficantes de estupefacientes, embaucadores y tramposos castro-cubanos.

No hay moneda que aguante semejante desbarajuste, avaricia desmedida y complicidad con tiranos aún peores; en consecuencia, el dólar, se convierte en la única referencia, capaz de dar soporte. Pero cada día los bolívares valen menos, y los dólares cuestan más. Y si los dólares significan más, los productos comprados para vendérselos a los venezolanos suponen aún más, porque al valor monetario hay que sumarle dos elementos. El de la ganancia legitima, y el por si acaso.

Esté como esté el precio del dólar, haya subido o, en el menos frecuente de los casos disminuido, se parte de la base de que cuando se vuelva a necesitar estarán más caros. Los muy sinvergüenzas han llegado al extremo, por ejemplo, de comenzar vendiendo a $1 y mañana cuesta $2 o más. No conforme, los atrevidos decidieron que recibirían el dólar y euro a la par, cuando mundialmente este último tiene más valor. El cinismo e impudor ilimitado les permite, pagar por debajo de la tasa de cambio que además condicionan, no reciben billetes con rayas, doblados o que se vean desgastados, y pocas veces tienen cambio, obligando al cliente a redondear la compra a favor del cuatrero comerciante; y para colmo, cuando no te dan el cambio pretenden resolverlo con un papelito escrito a mano reflejando el monto adeudado para que lo gastes únicamente en su establecimiento.

¿Cómo se podría calificar esta deshonra e ignominia? Crimen de Lesa Humanidad. Se están comportado con la misma crueldad, bestialidad, salvajada y venganza de la tiranía.
El problema es que la riqueza mal habida es como la gripe, no hay manera de disimularla, y empiezan a aparecer maletas llenas de billetes, y hasta sótanos como aquél donde Rico MacPato nadaba entre monedas de oro. El régimen, que ha sido cómplice y sus funcionarios gananciosos de esa marabunta tracalera e inmoral, empieza a darse cuenta que debe aflojar, comprende el petro no funciona, que a su corrompida y ladrona gestión no sólo se ve sino que se le desgarran las costuras; ha dejado de ingresar miles de millones de dólares porque la administración está sancionada, la mayor parte de los dólares ingresados de una u otra forma y que servirían en buena parte para pagarle a quienes en la orgía de intereses y presunciones les han prestado dinero, se han derrochado, malversado, robado para beneficio de los que ahora están siendo investigados, descubiertos, congelados, y no le queda más remedio que mantener el control de cambio pero dejar actuar como si no existiera.

Tenemos los ladrones a través de negocios deshonestos que, colocaban bolívares transformados en dólares en cuentas bancarias en el extranjero. De aquí para allá, de allá para acá y de regreso, siempre ganaban. Hasta que llegó Donald Trump y los sancionó donde más les duele, no con cárcel sino bloqueándoles cuentas, negocios y quitándoles los inmuebles, encontrándose con fortunas inmovilizadas o que no pueden sacar del país. Desesperados tratan de limpiar esos botines sucios, apestosos, compran cualquier cosa, importan con licencias trampeadas y financiadas bajo cuerda. Aparecen bodegones recargados de productos exquisitos importados y vendidos, eso sí, a precios de los dólares de pasado mañana.

Y los venezolanos pagamos las consecuencias. Y aún más los que no tienen parientes que les envíen algunos dólares desde el resto del mundo, que apenas cuentan con salarios mínimos y algunos bonos de limosna que el régimen decreta, pero no siempre deposita. El dólar es lo único que vale algo.

Queda la esperanza de que Venezuela tiene los recursos, capacidad, ciudadanos que saben cómo transformarlos en riqueza y bienestar. No ahora, claro, con este régimen delincuencial, arcaico, que no conoce de principios éticos ni valores morales y menos aún, de buenas costumbres. Algún día, cuando se vayan.

@ArmandoMartini



Fuente original La Patilla

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